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Firma mi libro de visitas   4 "LA   CAMA   DE   AIRE" ATLANTICO  
       
 

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Doña Rufina tenía un sueño  muy   profundo, no  era  sino poner la cabeza  sobre la almohada que colocaba en la estera, para ir  de viaje al   país  de  los   sueños.

Cierta noche hizo tanto calor, que Doña Rufina pensó que  podría   recoger   su   sudor  y   llenar  una totuma. Sentía  que se le había  espabilado el sueño  por el  sofoco y  el viento había  huido  despavorido  sin   refrescar  la  estera.

De mañanita Doña Rufina ideó un plan, para que el calor no le impidiera   soñar  y  dormir  a  pierna  suelta.   

Todos se sorprendieron al  ver a  Doña  Rufina  en  su telar  haciendo  nudos  y nudos  de colores,  pero  no era para  hacer cortinas, ni  se  parecía  a  las colchas que   vendía  en  el   mercado, era  algo  raro y   distinto.

- ?Qué haces abuela  enredando  madejas? 

 Es una  idea  loca  mi  niña, quiero  hacer una Cama de Aire, obligando al calor  a que no me trasnoche y  dormir como  me  gusta.

Entonces la niña salio gritando: Mamita, mi abuelita está haciendo una cama  de aire   de   muchos  colores!

Así Nuri vino a enterarse  de  la "cama  de aire"  y muy   sonriente   se  asomó con una bandeja repleta de buenas tajadas de   papaya y  piña  bien  cortadas.-      

 

Aquí  les traigo  para que se refresquen, yo quiero  ayudar  y Doña  Rufina muy satisfecha le explicó a su hija y  a la nieta como  sería  su  cama  de  aire, sin tener  que  soñar  con  totumas  de  sudor.

Terminó una enorme cobijad de algodón con muchas tintas  de colores,  empezaba y  terminaba con trenzas como las de su  nieta y la aseguró  a   dos  vigas,      

Es mi "cama  de  aire y tiene  ventilación  propia.

La llamaron  "hamaca", porque  era una cama  al revés  y  no tenia  patas, solo  tendría  aire.

 

 Muy  pronto  todos  los  vecinos  le  encargaron  nuevas  hamacas  y Doña  Rufina sonriente, sostiene que  gracias al  sofoco, ella pensó en la cama de aire acondicionado. Ya no tiene que usar ventiladores, ni abanicos,  la  hamaca  al  mecerse  refresca  el   cuerpo  del  que descansa.

 

Los niños  aprovecharon, el premio era  mecerse en la  hamaca de Doña  Rufina  y  los  viejos  pensaron  en  la  siesta.  

 Todos estaban contentos y aumentaron las entradas en casa de Doña  Rufina.                                                                                    

EL   PLACER   ES   MEJOR   CUANDO   SE  COMPARTE   CON  OTROS

 
 

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Daniel Silva

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